¿QUIÉN SOY?
He de empezar haciendo algo de Historia, de mi historia más concretamente. Nací en Palencia una ciudad pequeña , donde viví feliz en un entorno familiar, de amor y protección.
Soy la 5ª de 6 hijos y la única chica: Mi salud era igual que la de cualquier niño (catarros, gripe, amigdalitis, etc) .

Historia Creo que mi adolescencia fue normal, o eso pienso, salía y estudiaba.

Siempre me atrajo todo lo relacionado con la salud por lo que decidí estudiar enfermería. Para poder costearme los estudios trabajaba durante el verano en centros de ancianos como auxiliar, además de estar becada.

EL POZO
A los 19 años me diagnosticaron la enfermedad de Crohn, esto provocó una catarsis en mi vida. Cambió todo radicalmente; mi vida se convirtió en un ir y venir de ingresos hospitalarios, tratamientos, alimentación parenteral, pinchazos, pruebas, dolor y lágrimas, muchas lágrimas, asi comenzó para mi otra Historia.

En muchas ocasiones sentí que era una especie de conejillo de indias, mi vida consistía en ir hasta 30 veces al baño, con dolores tan intensos que me impedían ponerme en pie. Percibía la gran preocupación que causaba a mis padres e intentaba callarme para no hacerles sufrir. En uno de los últimos ingresos, el novio que tenía me fue abandonando en la cama del hospital hasta que un día dejó de visitarme.

 

DESEMBARCO EN MADRID

A los 24 años me trasladé a vivir y trabajar a Madrid. Llegué a Chamartín con una maleta y mucha ilusión. La época madrileña fue alocada y divertida; pero también dolorosa. Trabajaba, salía y no me cuidaba.

Historia

En el hospital donde trabajaba nunca dije nada de mi enfermedad; tenía miedo de que no quisieran contratarme, así que nunca iba al baño de las compañeras y me aguantaba el dolor, incluso bebiendo ampollas de Nolotil.

Cuando mis padres me llamaban siempre les decía que estaba bien. Solían llevarme a curanderos, homeópatas y toda clase de personas que decían que me podían curar; y yo lo hacía para que ellos no perdieran la esperanza. No me negaba.

SOBREVIVIR

Tras 2 años viviendo en Madrid, conocí al que hoy es mi marido. Fue mi apoyo; no le importaba mi enfermedad, me consolaba en los períodos dolorosos, me acompañaba en las pruebas y me agarraba la mano en los ingresos, lloraba conmigo. Nos casamos (aunque tuve que elegir un vestido cómodo para poder ir al aseo rápidamente). Fue un día precioso, soleado y rodeado de seres queridos.
Nos trasladamos a nuestra nueva casa, queríamos ser padres y tener una vida normal.
Al año de empezar nuestra nueva vida supimos que estaba embarazada.

HA LLEGADO UN ÁNGEL
Tuvimos una niña (mi ángel), no podía ser más feliz, aunque debido a la enfermedad y como consecuencia del parto, se produjo una fístula y tuve que estar un mes ingresada sin mi niña, porque ella estaba en casa.
Cuando mi hija contaba con un año falleció mi padre, uno de los seres que más he querido y querré, eso me provocó un sufrimiento tan grande que tras pocos meses (el 1 de noviembre de ese año) tuve que ingresar de urgencia por una obstrucción intestinal. Después de varios días con sonda nasogástrica decidieron realizarme una ileostomía temporal, y digo decidieron porque yo no tuve capacidad de decisión, nadie me consultó.

MI NUEVA VIDA
Días después de la cirugía, y ya en planta, yo no quería mirarme al espejo, no podía, no era capaz de cuidarme la ostomía, sólo lloraba. Los cuidados los hacía mi marido, él me decía que estaba feliz porque seguía a su lado. En ese momento entendí lo que es amor incondicional.

Cuando llevaba varios días operada apareció en mi vida mi “otro Ángel de la Guarda”. Al igual que la paloma de Noé, mi amiga me trajo una rama de olivo, una tregua a mi vida, un sentido, un poco de paz a mi espíritu, y me permitió comenzar a perdonarme a mí misma. Me enseñó a cuidarme y a vivir, porque esto es lo que hay.

LA PAZ DEL ESPÍRITU
El día que salí del hospital, después de un mes de ingreso, mi hija no me reconocía al llegar a casa, no quería estar conmigo y esto, con todo lo que había pasado, me entristeció pero le prometí al oído “no te volveré a fallar” “ estaré a tu lado siempre”.

Con el paso del tiempo empecé a hacerme amiga de mi ostomía. Fui capaz de aplicar cuidados, comencé a salir con familiares y amigos, y a superar los baches. Me sentí libre, y sobre todo, sin el dolor de la enfermedad. Iba de vacaciones, viajaba y me apunté al gimnasio. A veces tengo miedo, no te voy a engañar, pero sigo adelante.

UNA ESPERANZA LLAMADA JAVIER
Cuando llevaba 5 años ostomizada decidí tener otro hijo. Pedí consejo a mis médicos, no tenían mucha experiencia y se asustaron, pero yo no. Mi médico me decía que era mejor que no me arriesgara, pero lo hice. Me quedé embarazada, ya no había marcha atrás. Todo el embarazo fue fenomenal. La ostomía me permitió tener a mi niño (mi luz), y un 30 de enero, durante una gran nevada en Madrid llegó Javier “tan bonito” “tan sano”.

Nos fuimos a casa a los 4 días, sin problemas, pude cuidarlo y atenderlo. Yo era feliz.

¿DÓNDE ESTOY?
Pasados 5 años del nacimiento de mi hijo, me operaron nuevamente y me quitaron definitivamente el colon y parte del íleon. Recuerdo estar sentada con el cirujano y la digestivo; esperaba malas noticias, en ese momento me dijeron “hay que quitarte el colon, las paredes del intestino están pegadas”, yo comencé a llorar y entonces, me dijeron: “Pero Yolanda si la ostomía ya forma parte de ti, ¿por qué te afecta tanto?” Entonces les contesté: “Mientras tenía el colon tenía esperanza, y es lo que estoy perdiendo, la esperanza.

Han pasado ya 4 años de esto, hoy estoy viva, trabajo, doy charlas, enseño como es mi día a día, doy consuelo, a veces también sufro, lloro. Aún hoy me pregunto ¿Por qué? , ¿Qué he hecho mal? Pero miro a los míos y se pasan las dudas.

“Qué bello es vivir”